
Los orígenes del yoga: de los Vedas a hoy, la historia que pocos cuentan
Silvia Ghigliazza
Insegnante di Yoga
Abre Instagram y escribe 'yoga': te arrolla una cascada de cuerpos flexibles en equilibrio sobre una mano, atardeceres perfectos, posturas imposibles. Precioso, sin duda. Pero ¿y si te dijera que el yoga, durante la mayor parte de su historia, no tuvo casi nada que ver con todo esto?
Como Yogini con la valigia, he tenido la suerte de practicar en algunos de los lugares donde el yoga hunde sus raíces — y cada vez me he dado cuenta de cuánto la versión 'de portada' es solo la punta del iceberg. Debajo hay una historia de miles de años, hecha más de respiración y silencio que de acrobacias. Deja que te la cuente: cambiará tu forma de subir a la esterilla.
El yoga no nació sobre la esterilla
Empecemos con un pequeño terremoto: las posturas (las asanas) que hoy consideramos 'el yoga' son, históricamente, una parte reciente y, en el fondo, mínima. Durante milenios el yoga fue sobre todo una disciplina interior — un método para calmar la mente, conocerse a uno mismo y buscar un sentido más amplio de la existencia. El cuerpo estaba ahí, pero como instrumento, no como fin.
La palabra misma lo dice. 'Yoga' viene de la raíz sánscrita yuj, que significa unir, uncir, juntar. No 'estirar los músculos': unir. Unir cuerpo y mente, al individuo y todo lo que lo rodea. Tener esto presente ya lo cambia todo.
Las raíces védicas: los Vedas (hacia el 1500 a.C.)
Las primeras huellas nos llevan a los Vedas, los antiquísimos textos sagrados de la India, transmitidos oralmente durante generaciones antes de ponerse por escrito. Aquí el yoga no es todavía una práctica codificada: es un horizonte espiritual hecho de himnos, rituales y de una búsqueda de lo sagrado en la vida cotidiana. Es el terreno del que todo germinará.
En esta fase 'yoga' indica más que nada una disciplina del espíritu: la idea de que, a través de la concentración y el rito, el ser humano puede entrar en contacto con algo más grande que sí mismo.
Los Upanishads y el Bhagavad Gita: el yoga se vuelve interior
Con los Upanishads (a partir del 800 a.C. aproximadamente) la mirada se vuelve hacia dentro. Se empieza a hablar de meditación, de respiración, de la relación entre el yo individual y el absoluto. El yoga se convierte en un camino de conocimiento profundo.
Luego llega el Bhagavad Gita, uno de los textos más queridos de todos los tiempos, donde el yoga adopta varios rostros: está el yoga de la acción desinteresada, el de la devoción, el del conocimiento. El mensaje es potente y actualísimo: el yoga no es solo lo que haces sobre la esterilla, sino la forma en que vives, eliges y actúas cada día.
El yoga es habilidad en la acción. — Bhagavad Gita
Patanjali y los Yoga Sutras: las ocho ramas
Hacia el siglo II a.C. (las dataciones varían) un sabio llamado Patanjali recopiló y ordenó esta sabiduría en los Yoga Sutras: unos pocos cientos de aforismos esenciales que todavía hoy son la columna vertebral de la filosofía del yoga. Es aquí donde el yoga se describe como Ashtanga, las 'ocho ramas': un camino completo hacia la libertad interior.
- ●Yama — la ética hacia los demás (no violencia, sinceridad, no codicia...).
- ●Niyama — la ética hacia uno mismo (disciplina, contentamiento, estudio interior...).
- ●Asana — la postura. Una sola, entre ocho: y en origen significaba sobre todo una posición sentada, estable y cómoda, para poder meditar durante mucho tiempo.
- ●Pranayama — el control y la expansión de la respiración.
- ●Pratyahara — la retirada de los sentidos del mundo exterior.
- ●Dharana — la concentración.
- ●Dhyana — la meditación.
- ●Samadhi — el estado de unión y quietud profunda.
Relee la lista: las asanas son solo la tercera de ocho ramas, y nacen al servicio de la meditación. Todo lo demás es respiración, ética, atención, interioridad. Por eso digo siempre que reducir el yoga a las posturas es como juzgar un océano mirando solo la espuma de las olas.
El Hatha Yoga: cuando entra en escena el cuerpo
Hay que esperar a la Edad Media india (en torno a los siglos X–XV) para que el cuerpo tome de verdad el protagonismo, con el nacimiento del Hatha Yoga y de textos como el Hatha Yoga Pradipika. Aquí encontramos asana, pranayama, técnicas de purificación: el cuerpo se convierte en un aliado consciente, un instrumento para despertar y hacer circular la energía (prana).
Aun entonces, sin embargo, el objetivo no era el rendimiento estético: era preparar el cuerpo para permanecer sentado mucho tiempo, sano y en equilibrio, para sumergirse en la meditación. La forma al servicio de la sustancia.
El yoga llega a Occidente
Es sobre todo entre finales del siglo XIX y el siglo XX cuando el yoga se encuentra con Occidente, gracias a maestros que lo sacaron de la India y a profesores que codificaron los estilos dinámicos que hoy conocemos. De aquí nace, poco a poco, el yoga 'moderno': más físico, más accesible, más extendido. Una gran conquista — millones de personas descubrieron el bienestar gracias a esto — pero también el momento en que, a veces, se perdió un poco de vista la raíz.
¿Y hoy? Entre esterillas y raíces
Hoy el yoga está en todas partes: estudios, gimnasios, apps, playas al amanecer. Y está muy bien así — yo también enseño asana dinámicas y amo una buena práctica que haga sudar. La cuestión no es renegar del cuerpo, sino recordar de dónde venimos: cada vez que respiras conscientemente, que eliges la amabilidad, que te detienes a escucharte, estás practicando el yoga más antiguo que existe. El verdadero.
Conocer estas raíces no es erudición por sí misma: es lo que hace la práctica más profunda. Cuando sabes que 'asana' significa mucho más que una postura, subes a la esterilla con otra presencia — y los beneficios, paradójicamente, llegan incluso más rápido.
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Richiedi il protocollo →Preguntas frecuentes sobre los orígenes del yoga
Las raíces del yoga se remontan a más de 3.000 años, a la época de los Vedas en la antigua India. Después evolucionó a lo largo de los siglos a través de los Upanishads, el Bhagavad Gita, los Yoga Sutras de Patanjali y el Hatha Yoga, hasta el yoga moderno.
Deriva de la raíz sánscrita yuj, que significa 'unir'. Indica la unión entre cuerpo y mente, y entre el individuo y una dimensión más amplia de la realidad.
No. El yoga nace en un contexto espiritual pero no es una religión: es una disciplina del cuerpo y de la mente que personas de cualquier fe, o sin ninguna fe, pueden practicar libremente.
Es el sabio al que se atribuye la recopilación de los Yoga Sutras, el texto que organizó la filosofía del yoga en las ocho ramas (Ashtanga). Está considerado uno de los padres del yoga clásico.
Conocer las raíces no te aleja de la práctica moderna: la hace más profunda. Sube a la esterilla sabiendo que formas parte de una historia de miles de años. — Silvia












