
Silvia Ghigliazza
Profesora de yoga y viajera incansable. Practico desde hace unos quince años y enseño desde hace más de seis: llevo el yoga a todas partes, porque mi sala es el mundo.

Mi camino
Conocí el yoga hace unos quince años. Al principio era una práctica ligera, casi un pasatiempo. Luego llegó un período oscuro — de esos que te quitan el aliento — y el yoga, de repente, se convirtió en todo. Sobre la esterilla conseguía moverme y poner en orden lo que, en mi vida de entonces, estaba en desorden. La respiración, el pranayama, me ayudó a aliviar miedos, ansiedad y estrés; luego la meditación y la concentración fueron el verdadero giro, el que devolvió el equilibrio a cuerpo, respiración y mente. No por casualidad "yoga", en sánscrito, significa unión — de cuerpo, respiración y alma. A partir de ahí se volvió una necesidad diaria, nunca una obligación: me reservaba tiempo incluso donde no lo había, y aprendí la disciplina y la constancia que nunca había encontrado en otro lugar. Cuando me di cuenta de lo bien que me hacía, me pregunté: ¿y si pudiera compartirlo? Así nació, desde hace más de seis años, la profesora — para ofrecer este bienestar a quien lo necesita como me pasó a mí, y acompañar a quien simplemente siente curiosidad por descubrirlo.

Mi enfoque
Creo en un yoga que se adapta a la persona, no al revés. Cada cuerpo es diferente, cada día es diferente: por eso no propongo una práctica igual para todos, sino la adecuada para ti, en este preciso momento de tu vida. Mi trabajo es darte las herramientas para moverte de forma consciente, segura y progresiva — tengas diez minutos en una habitación de hotel o setenta y cinco en un estudio. Y tanto si estamos en una clase individual como en una sala con treinta personas, el cuidado y el amor que pongo son exactamente los mismos: conmigo te sientes acogida, nunca juzgada, nunca puesta a prueba. Porque antes que la técnica, para mí, está siempre la persona.

Estilos y competencias
Mi formación abarca del Vinyasa al Hatha, del Rocket® Yoga a la movilidad funcional: mundos distintos que me encanta entrelazar en una única práctica viva, nunca rígida. Del Vinyasa tomo la fluidez y el vínculo entre respiración y movimiento, del Hatha el cuidado de la alineación y la calma, del Rocket la energía y el coraje de probar. A todo esto sumo el pranayama, el trabajo postural, la meditación y la relajación profunda, para que una sesión no entrene solo el cuerpo sino que devuelva el equilibrio a cuerpo, respiración y mente. Construyo cada práctica a medida — para tu nivel, tu tiempo y tu estado de hoy. Enseño en italiano, inglés y español.
Por qué "La Yogini con la valigia" (la yogui con la maleta)
El nombre no es un capricho: es mi forma de estar en el mundo. Mi madre dice que siempre tengo una maleta lista junto a la puerta — y es verdad. La maleta, para mí, es libertad: la libertad de llevar el yoga a cualquier sitio, porque mi sala es el mundo. De vacaciones, en un viaje de trabajo, al otro lado del planeta con doce horas de diferencia, mi práctica sigue siendo mi práctica — para vivirla a solas o para compartirla. Porque el yoga, antes incluso que movimiento, es un estado mental: no hacen falta cuatro paredes, hace falta presencia. Y el viaje es la otra mitad de mi corazón: experiencia, curiosidad, ganas de mirar a los ojos a quien vive lejos, estrechar manos, intercambiar ideas, descubrir aromas y sabores nuevos (¡me encanta comer, mucho más que cocinar!). Todo esto con respeto — por las personas, por los lugares y por cada cultura que me acoge.





Dónde enseño
- ●Savona y el Ponente Ligure — clases privadas y en grupo reducido
- ●Milán — Workshops y clases bajo petición
- ●Online — Clases individuales y grupales
También disponible para retiros, eventos y colaboraciones.

Formación y Certificaciones
- ●Diploma Instructora Yoga Purna Anandamaya – Nivel I y II (300h)
- ●Diploma Nacional CSEN – Instructora Nacional Niv. 2 Gimnasia Yoga
- ●Rocket® Vinyasa Yoga Foundations – Yoga Alliance 50h (con Ambra Vallo)
- ●Licenciatura en Lenguas y Literaturas Extranjeras – Universidad de Génova
Los valores que guían mi práctica
Enseño con una idea clara: la práctica debe servir a la persona, no al revés. Detrás de cada secuencia hay algo más grande que una postura — la escucha, la confianza, el amor por uno mismo. Estos son los tres principios que llevo a cada clase, evento y retiro, de la práctica en casa a la esterilla junto al mar.
Adaptabilidad
Cada cuerpo y cada día es diferente. Adapto la práctica a tu nivel, a tu tiempo y a tu estado — diez minutos nada más despertar o una hora entera — para que el yoga sea sostenible, verdaderamente tuyo, y te acompañe toda la vida, estés donde estés.
Autenticidad
Sin performance, sin dogmas, sin juicios. Busco una experiencia real, humana y accesible, donde puedas sentirte acogida desde la primera respiración. Lo que hago, lo hago con cuidado y con amor — y eso es exactamente lo que quiero que sientas, del primer al último minuto.
Presencia
El yoga es un entrenamiento de la presencia. Respiración, movimiento y escucha se convierten en herramientas para volver a ti — para cuidar el cuerpo, calmar la mente y aliviar el alma con una disciplina antigua y, a la vez, plenamente actual. Dentro y fuera de la esterilla.

Yoga y retiros: mi experiencia
Desde hace años acompaño a grupos en retiros y experiencias de yoga en Italia y por el mundo: de Liguria a Ibiza y Marruecos. Un retiro es mucho más que unas vacaciones: es el tiempo y el espacio para frenar de verdad, profundizar la práctica y reconectar contigo, rodeada de belleza y de unión.
Cuido cada detalle de la experiencia — las prácticas, los ritmos, la atmósfera — para que cada participante, de principiante a avanzado, se sienta acogido. Si sueñas con una experiencia así, echa un vistazo a mis próximos retiros y eventos.

Cómo es una clase conmigo
Cada clase parte de donde estás ahora. Empezamos con la respiración, para entrar en escucha, luego construimos la práctica con progresión y atención, alternando movimiento, fuerza, movilidad y quietud. Trabajo mucho con variantes, para que puedas practicar con seguridad sin forzar. Si hoy una postura no llega, no es un "no" definitivo: es solo un "todavía no". El yoga es un viaje, y por el camino descubres que ciertos límites, una respiración a la vez, se superan. El objetivo no es la postura perfecta: es sentirte mejor en tu cuerpo, aprender a confiar en ti y a quererte — clase tras clase.
El yoga me enseñó que mi sala es el mundo. Me encantaría acompañarte a descubrir la tuya — una respiración, un paso, una maleta a la vez. — Silvia
— Silvia
