
Yoga en Ibiza para el solsticio: cómo se prepara una profesora (más allá de la crema solar)
Silvia Ghigliazza
Profesora de Yoga
Dentro de unas horas cierro la maleta de mano — esa que, lo confieso, vive casi siempre lista junto a la puerta — y salgo hacia Ibiza. Sí, Ibiza: la isla que muchos imaginan solo como música y atardeceres abarrotados. Pero yo voy con la esterilla en la maleta, para el solsticio de verano, a guiar dos prácticas en dos lugares que ya me han robado el corazón.
Y aquí te revelo un pequeño secreto del oficio: preparar un evento como este es, sobre todo, un trabajo que empieza mucho antes de la partida — y mucho más por dentro que por fuera. Te llevo conmigo, detrás de las cámaras.
Lo admito: cuando digo "me voy a Ibiza" ya veo alguna sonrisa cómplice, como si fuera solo de fiesta. Y está muy bien — ¡un poco disfruto la isla de verdad! Pero detrás de un día de práctica compartida hay mucho más: estudio, escucha y un tiempo solo mío para volver a mí. No es una huida de la vida cotidiana: es una forma distinta, más profunda, de habitarla. Para mí un viaje así nunca es solo unas vacaciones — es también un pequeño retiro para el alma.
La preparación interior: el equipaje que no se ve
Antes incluso que la ropa y la crema solar, me preparo a mí misma. Porque guiar una práctica no es 'dar clase': es sostener un espacio en el que otras personas se sientan acogidas, seguras, libres de soltarse. Y para ofrecer ese espacio, primero tengo que habitarlo yo.
En los días previos a un evento me tomo tiempo para la introspección: ¿qué intención quiero llevar? ¿qué deseo que las personas se lleven a casa? Practico para mí, en silencio, sin objetivos — porque solo si estoy centrada puedo estarlo también para los demás. Y me entreno en algo que el yoga me enseñó con esfuerzo: soltar el control. Al aire libre el viento se levanta, la luz cambia, alguien llega con el corazón pesado. La preparación interior es justo esto: llegar lista para acoger lo imprevisto con presencia, en lugar de temerlo.
Sí, también hay una pizca de nervios — de los buenos, los que te mantienen despierta. Enseñar significa cuidar: a quien llega lleno de energía y a quien llega cansado, a quien practica desde hace años y a quien sube a la esterilla por primera vez. Para acoger a todos, sin juzgar a nadie, primero tengo que hacer espacio dentro de mí. Por eso, en los días antes de partir, mi práctica personal se vuelve aún más preciosa: no para 'entrenar', sino para recordarme cómo se siente al otro lado de la esterilla.
- ●Una intención clara para cada práctica.
- ●Tiempo para practicar en silencio, solo para mí.
- ●La disposición a acoger lo imprevisto — el viento, la luz, las personas.
- ●El recuerdo de por qué lo hago: compartir, no actuar.
La preparación de la práctica: secuencias, tiempos y lugares
Luego, claro, está el trabajo 'técnico', que amo profundamente. Estudio y construyo las secuencias con el corazón y con el reloj: cada práctica tiene su arco — un calentamiento, un pico, un descenso suave hacia la calma. Pero una secuencia no vive en el vacío: vive en un lugar y en un momento. Y cambia todo según dónde y cuándo se practica.
Practicar al aire libre no es como practicar en interior. En el bosque lidias con el terreno irregular, la brisa, el sol, los sonidos de la naturaleza: la secuencia debe dejar espacio al enraizamiento y al asombro, no llenar cada segundo. En un estudio, en cambio, tienes recogimiento y silencio: puedes ir más en profundidad, trabajar los detalles, bajar la voz.
Y luego cuenta la hora del día. Una práctica al amanecer — un Morning Flow — despierta el cuerpo con dulzura y enciende la energía para el día. Una práctica al atardecer disuelve las tensiones y prepara para soltar. Misma profesora, mismo respiro, pero dos intenciones distintas.
↗Yoga al amanecer junto al mar: los beneficios del despertar
Por qué practicar al amanecer junto al agua amplifica los beneficios: ionización, sonido de las olas y un despertar suave de cuerpo y mente.
Los dos lugares: el bosque de Sant Josep y el estudio en Ibiza
Las dos prácticas nacen en el mismo nido: Yoga punto can-pal, el centro que nos acoge en la isla, gestionado por Patricia Marie — la yogini que cuida estos lugares con un amor que se siente en el aire. Dos almas distintas, eso sí, para dos días distintos.
El 20 de junio estaremos en Sant Josep, sobre una plataforma maravillosa inmersa en el bosque. Imagina desenrollar la esterilla con la luz que se filtra entre las ramas, el aroma de la tierra y de los árboles, el canto de los pájaros como música. Allí propondré una práctica Vinyasa pensada para el lugar: un flow suave e intenso, de pura conexión con la naturaleza. Con el pranayama y la meditación haremos un trabajo interior profundo, dejando que sea el bosque quien guíe la respiración — porque ciertas cosas, al aire libre, las entiendes con el cuerpo antes que con la cabeza.
El 21 de junio, día del solsticio, nos trasladaremos al estudio de Patricia en Ibiza: un espacio recogido e íntimo, hecho a propósito para ir en profundidad. Al ser el día más largo del año, honraremos la tradición de los 108 Saludos al Sol: no haremos exactamente ciento ocho, pero abriremos la práctica precisamente con los Surya Namaskar, dejando que cada saludo sea un pequeño gracias a la luz. Una forma preciosa de celebrar juntos el inicio del verano.
Son dos citas abiertas, con plazas limitadas: pero más que 'eventos', para mí son dos invitaciones a detenerse y respirar juntos.
Y hay algo que me calienta el corazón cada vez: encontrarme entre profesoras que se apoyan en lugar de competir. Con Patricia es así — y sobre esto, lo prometo, volveré pronto con una reflexión dedicada.
Qué meto en la maleta (y qué dejo en casa)
Al final llega también el momento de la maleta de verdad — y es el más rápido. La esterilla, por supuesto, viaja siempre conmigo. Luego ropa por capas (al amanecer y en el bosque la brisa sabe sorprenderte), una sudadera ligera, el agua, la playlist adecuada y — sí — la crema solar. Pero lo más importante no se mete en la maleta: es la intención con la que parto. Esa la preparo durante días, y es el único equipaje que cuenta de verdad.
Por qué precisamente el solsticio
El 21 de junio no es una fecha cualquiera: es el día más largo del año y — no por casualidad — el Día Internacional del Yoga. La luz en su culmen, el verano que comienza: un momento perfecto para renovar la intención y dar las gracias. Lo he contado con calma en un artículo dedicado.
↗Solsticio de verano y yoga: significado y 108 Saludos al Sol
Qué representa el solsticio en el yoga, la tradición de los 108 Saludos al Sol y por qué el 21 de junio es el Día Internacional del Yoga.
Preguntas frecuentes
No: las prácticas están pensadas para ser accesibles a todos los niveles, principiantes incluidos. Nos adaptamos al lugar, al momento y a las personas presentes.
Antes por dentro que por fuera: con una intención clara, tiempo para la práctica personal, el estudio atento de las secuencias y la disposición a acoger lo imprevisto. La maleta, en el fondo, es lo último.
Tu esterilla, ropa cómoda por capas, agua, algo para protegerte de la brisa y muchas ganas de estar en la naturaleza. La crema solar, eso sí, ¡métela en la maleta!
El 20 de junio de 2026 en Sant Josep, sobre una plataforma en el bosque, y el 21 de junio de 2026 — día del solsticio — en el estudio Yoga punto can-pal en Ibiza, junto a Patricia Marie.
Preparar un evento de yoga es sobre todo esto: preparar el corazón. La maleta, luego, se hace en diez minutos. — Silvia
















