
Rocket Yoga: el estilo que te lleva «allí más rápido»
Silvia Ghigliazza
Profesora de Yoga
La primera vez que oyes decir Rocket Yoga, piensas en todo menos en yoga. ¿Un cohete? Y sin embargo ahí está lo bonito: es un estilo que te agarra, te sacude y — te lo prometo — te hace descubrir cosas de tu cuerpo que no imaginabas. Dinámico, rápido, divertido. Pero detrás de ese nombre curioso hay una historia preciosa, que empieza muy lejos. Deja que te la cuente.
Qué es el Rocket Yoga
El Rocket® es un estilo de yoga dinámico y fluido, una secuencia de posturas unidas por la respiración que avanza rápido y sin pausas inútiles. Nace como una versión más libre y accesible del Ashtanga: la misma raíz poderosa, pero con las puertas abiertas de par en par. Sin jerarquías rígidas, sin 'tienes que merecerte' primero una postura: en el Rocket las inversiones y los equilibrios sobre los brazos llegan pronto, propuestos con variantes para todos. ¿El mensaje de fondo? Eres más fuerte de lo que crees.
Antes del Rocket: el Ashtanga
Para entender el Rocket hay que dar un paso atrás, al Ashtanga Yoga. Es el estilo codificado en la India por Sri K. Pattabhi Jois: secuencias fijas, siempre en el mismo orden, en las que cada movimiento se sincroniza con la respiración (el vinyasa), con una mirada precisa y una respiración sonora que acompaña toda la práctica. Es un yoga disciplinado, casi meditativo en su repetición — poderoso, pero también exigente: tradicionalmente se pasa a la postura siguiente solo cuando se está 'listo'.
Es un método extraordinario, pero no para todos: su rigidez puede desanimar a quien empieza o a quien no tiene un cuerpo de gimnasta. Y es precisamente de esta constatación de donde nace el Rocket.
De dónde nace: Larry Schultz y San Francisco
Estamos en los años 80, en San Francisco. Larry Schultz, profesor estadounidense, había estudiado Ashtanga en la India con el propio Pattabhi Jois. Amaba su energía, pero sentía que esa estructura tan rígida dejaba fuera a demasiada gente. Así que empezó a reelaborarla: modificó las secuencias, cambió su orden, hizo accesibles las posturas más difíciles con variantes y, sobre todo, dio libertad — la libertad de adaptar la práctica a la persona, y no al revés.
El resultado era un yoga igual de intenso, pero más democrático y divertido. En los años 90 Schultz se convirtió incluso en el profesor de yoga personal de los Grateful Dead, a quienes guiaba en la práctica durante sus giras: un detalle que lo dice todo sobre el espíritu libre y rockero de este estilo.
Por qué se llama 'Rocket'
Y aquí llega la parte que más me gusta. Se cuenta que quien bautizó el estilo fue precisamente Bob Weir, guitarrista de los Grateful Dead, con una frase que se hizo legendaria: lo llamó 'Rocket' porque 'te lleva allí más rápido'. ¿Allí, dónde? A esa sensación de fuerza, ligereza y apertura que normalmente requiere años — y que el Rocket regala antes, a quien tiene el valor de intentarlo. Un nombre nacido en broma, que cuenta a la perfección su alma.
Las series del Rocket
El Rocket no es una sola secuencia, sino tres, construidas a partir de las series del Ashtanga y hechas más fluidas:
- ●Rocket I — inspirada en la Primera serie, trabaja sobre todo las flexiones hacia delante, la flexibilidad y las bases de los equilibrios sobre los brazos.
- ●Rocket II — inspirada en la Segunda serie, se centra en las extensiones de espalda (backbends) y las torsiones, para movilidad y energía.
- ●Rocket III — la combinación de las dos primeras: la más completa y festiva, pensada para quien quiere ponerse a prueba.
Cómo es una clase de Rocket
Imagina un flujo continuo, rítmico, a menudo acompañado por la música. Se calienta, se vuela — porque sí, en el Rocket se vuela de verdad: inversiones, equilibrios, posturas sobre las manos, siempre con la opción adecuada a tu nivel. No existe la ansiedad de la perfección: existe la alegría de intentarlo. El profesor te ofrece variantes, y tú eliges hasta dónde llegar. Sales de la clase cansada en el buen sentido — ese que te hace sentir viva, fuerte y un poco orgullosa de ti misma.
Los beneficios
- ●Fuerza, sobre todo de brazos, centro y espalda: el cuerpo cambia deprisa.
- ●Flexibilidad y movilidad, gracias a la alternancia de flexiones, aperturas y torsiones.
- ●Energía y resistencia: el ritmo sostenido entrena también el aliento y el corazón.
- ●Confianza en ti misma: afrontar una inversión y conseguirlo cambia algo también fuera de la esterilla.
- ●Presencia mental: la respiración lo guía todo y la mente, por fin, se calla.
- ●Diversión pura — y no es un detalle: lo que nos divierte, lo repetimos.
Para quién es (y para quién no)
El Rocket es perfecto si amas el movimiento, buscas energía y quieres un reto que te haga crecer. Y, al contrario de lo que se piensa, es accesible también para quien empieza pero es curioso y tiene ganas de implicarse: las variantes existen justo para eso. Un buen profesor te lo adapta a medida.
Es menos indicado, en cambio, si en este momento buscas una práctica lenta y relajante (ahí es mejor un Hatha o un Yin), o si tienes lesiones agudas en muñecas, hombros o espalda, o condiciones particulares: en esos casos debe adaptarse siempre con cuidado, o posponerse. En caso de duda, háblalo antes con quien te guía.
Rocket, Ashtanga y Vinyasa: las diferencias
En dos palabras: el Ashtanga es la tradición, con sus secuencias fijas y su disciplina. El Vinyasa es la libertad creativa, un flujo siempre distinto. El Rocket está en medio — tiene una estructura reconocible como el Ashtanga, pero la vive con la libertad y la alegría del Vinyasa, llevándote pronto a experimentar inversiones y equilibrios. Si quieres entender cuál es para ti, he hablado de ello más a fondo aquí.
↗¿Qué estilo de yoga es para ti?
La guía de las diferencias entre Hatha, Vinyasa, Ashtanga y Rocket, con los beneficios de cada uno y consejos para saber por dónde empezar.
Mi experiencia como profesora de Rocket®
El Rocket entró en mi vida y la cambió, no exagero. Me enseñó que la fuerza no es un punto de llegada sino un camino, y que se puede ser seria y profunda incluso mientras te ríes en una esterilla intentando sostener una postura sobre las manos. Como profesora certificada de Rocket® es el estilo que más me gusta compartir: porque veo a las personas sorprenderse de sí mismas, clase tras clase. Y esa chispa en los ojos, créeme, no tiene precio.
↗¿Quieres probar el Rocket conmigo?
Si al leer te han entrado ganas de subir a la esterilla, escríbeme: puedo mantenerte al día de las próximas masterclass de Rocket Yoga, o crear contigo una clase privada, hecha a la medida de tu nivel y tus objetivos.
Preguntas frecuentes
Es un estilo de yoga dinámico y fluido, nacido como versión más libre y accesible del Ashtanga. Secuencias rítmicas unidas por la respiración, con inversiones y equilibrios sobre los brazos propuestos pronto y con variantes para cada nivel.
Sí, si está bien guiado. Aunque es intenso, el Rocket está pensado para ser adaptable: un buen profesor ofrece variantes que lo hacen accesible incluso a quien empieza pero tiene ganas de implicarse.
El Ashtanga tiene secuencias fijas y una progresión rígida: se avanza solo cuando se está listo. El Rocket parte de las mismas bases pero las hace libres y modificables, cambia el orden y lleva antes hacia inversiones y equilibrios, con un espíritu más divertido.
Se cuenta que el nombre viene de Bob Weir, de los Grateful Dead, de quienes su creador Larry Schultz era profesor de yoga: lo llamó 'Rocket' porque 'te lleva allí más rápido', es decir, hace progresar rápidamente.
Tres: Rocket I (flexiones hacia delante y flexibilidad), Rocket II (extensiones de espalda y torsiones) y Rocket III, que combina las dos primeras en una práctica completa y enérgica.
El Rocket no te pide ser perfecta: te recuerda, vuelo tras vuelo, que eres mucho más fuerte de lo que crees. — Silvia




















